Maquillada en la habitación del
hospital y le pedimos una sonrisa…. 11 de octubre del 2017
Los días siguientes al
evento principal, pasaron llenos de mucho dolor: dolor físico de mi madre sin
ningún tipo de consuelo y dolor emocional nuestro sin poder resolverlo: mamá no
dormía, ni quería comer.
Nuestra familia y algunos
amigos traían al hospital las más variadas comidas realizadas con gran esfuerzo
sobre todo para que llegara caliente, pero mamá apenas si la probaba, la comida
del hospital era realmente terrible y la atención médica muy superficial. Es
decir a mamá le daban los medicamentos indicados pero nunca nos dijeron cuál
sería su estado y solo atendían nuestros requerimientos cuando desesperados buscábamos
ayuda: hubo fuertes dolores sobre todo en las piernas, que eran atendidos solo
con diclofenac que no aliviaba nada, fiebres altas, que hacían temblar a mamá y
para eso mas diclofenac, no dormía y nos dijeron que consiguiéramos ansilan,
que no fue fácil pero lo hicimos sin embargo eso tampoco la calmaba, además
tampoco había evacuado, el uso de los pañales era un tormento porque ella se
los quería quitar y yo no sabía ponerlos, así que la mayoría se rompían, al
pedir ayuda o que me enseñaran, la mayor parte de las enfermeras lo hacía con
fastidio o se retardaban en mi requerimiento, así fueron pasando los días, con dolores tan
fuertes que se mordía los dedos, le dolían las piernas, el pecho, el estómago,
le daban calambres, quería levantarse a caminar y no podía, llamaba a mi papá
durante toda la noche. Los médicos le recetaron y dieron unas medias de
comprensión, pero ella quiere quitárselas.
Por la fiebre le hicieron
examen de orina y debimos salir a la calle a hacer exámenes específicos de
proteínas, todo sale bien. No obstante continúa el tratamiento con antibiótico,
diurético, anticonvulsivo, ansiolíticos, analgésicos y los bracitos de mi madre
parecen un colador porque nunca le conseguían las venas y cuando lo lograban
enseguida se le infiltraban. Los recursos del hospital eran realmente escasos,
las enfermeras llegaban con los adhesivos envueltos en un lápiz, cortados por
pedacitos que se notaba se los contaban. La aguja era la misma, la dejaban
dentro de la botella de suero cuando no la estaban usando y la colocan
nuevamente cuando toca…. Que angustia, mamá se ha salvado de ese ictus pero no
sabemos si en medio de esas condiciones se enfermaría más y aún esperaban que
nosotros resolviéramos el problema de la resonancia con contraste.
Mamá hablaba con muchas
ideas a la vez, sin embargo podía atender a quienes la llamaban por teléfono,
nos reconocía a todos, pedía que le trajéramos cosas de la casa (como sus
sostenes), podía responder perfectamente a las preguntas que le hacían como su
nombre, fecha de nacimiento, teléfono, número de cédula, sin embargo yo la notaba
extraña, las palabras salían de su boca sin orden, como si le hubieran
mezclado todos los pensamientos y ella quisiera decirlos todos al mismo tiempo.
Conseguimos hacer una
segunda resonancia: carta aval, movilizar ambulancia, etc y el resultado fue el
mismo: mamá no se tranquilizó, estuvo moviéndose todo el tiempo y la resonancia
no pudo llevarse a cabo.
El miércoles 11 de octubre
(una semana del ictus), pude ir a casa a descansar un poco, mi cuñada Zoraima
me sustituyó, cosa que agradecí mucho, aunque ahora o me doy cuenta que fue el
único día que lo hice mientras duró la hospitalización y ese día dormí
profundamente en mi cama, pero llegar a casa sin mamá, recordar ese día en que
salimos sin certeza de lo que ocurría, me ocasionó una tristeza mayor y por
primera vez también en toda esa semana, lloré mucho. Creo que necesitaba llorar
y estar a solas.
Cuando regresé mamá estaba
aparentemente mejor, eso me alegró mucho, pero al llegar la noche comenzó el
baile de las ideas y palabras, comenzó a pedir que le trajeran el eutirox, que
la arropara, que la desarropara, se queja de que le pica la espalda, le rasco y
sigue quejándose con mayor insistencia, se queja de dolor de cabeza, sigue la
fiebre y comenzó a cantar a la virgen del Pilar, cosa que nos impresionó pues
era justamente 12 de octubre, cantaba una jota aragonesa: “Si mi madre fuera
mora/ y yo nacida en Argel/ renegara de Mahoma/ sólo por venirte a ver/ sólo
por venirte a ver/ humilde y blanca paloma”… luego decía: “Encendían un anafre
y llamaban: Jalima! Enciende el fuego…. Esto sucedía en Orán”……

