Sucedió el martes 3 de
octubre del 2017. Aproximadamente a las 6:30 pm recibí una llamada de mi padre
preguntando por dónde venía, pues mi madre estaba muy mal.
Yo vivía al lado de la casa
de mis padres. Ambas casas están en una urbanización campestre, no hay
servicios cerca, tampoco las vías de acceso son fáciles, nuestra ventaja es que
teníamos coches y podíamos trasladarnos a lugares poblados más cercanos, pero
todos distantes unos 25 kilómetros. Caracas la capital de Venezuela, quedaba a
27 kilómetros y allí hacíamos nuestra
vida laboral y estudiantil. Ese día yo venía de mi trabajo, mamá no trabajaba
los martes por eso estaba en casa y papá trabajaba a su propio ritmo, así que
los martes estaba con ella.
Afortunadamente cuando papá
me llamó al móvil, yo ya estaba cerca de casa y al llegar y correr a la
habitación de mis padres, conseguí a mamá sentada en el suelo, cerca de la
cama, había aflojado sus esfínteres por tanto estaba sobre sus heces y no se
podía levantar.
Al intentar ayudarla notamos
que su pierna izquierda no se movía. Ella hablaba de manera confusa pero estaba
consciente de que al levantarse de la cama para ir al baño, las piernas no le
respondieron y se dejó caer al piso. No mencionaba nada de las heces, como si
no lo hubiese notado.
Como pudimos la levantamos,
aseamos e intentamos trasladar al baño, sentada en el inodoro nos percatamos
que su brazo izquierdo también estaba inmóvil y en seguida la palabra ACV nos
vino a la mente. No obstante, luego de asearla y con gran dificultad regresarla
a la cama, la vimos más serena y ella misma comenzó a narrar los hechos: dijo
que había pasado el día con un ligero dolor de cabeza y que los ruidos le
molestaban, se sentía un poco mareada y por eso después de almorzar se acostó
con papá a hacer una siesta. Durmió cerca de una hora y al despertar tenía
deseos de ir al baño, se sentó y sintió muy mareada, papá le dijo: “espera un
rato antes de levantarte a ver si te pasa el mareo”, pero estando allí sentada,
sintió que se desmayaba y se dejó caer al suelo (sin golpearse) y fue cuando yo
llegué (siguió sin mencionar lo de las heces).
Su forma de hablar era
rápida, repetía varias veces la historia, al preguntarle cómo se sentía,
respondía muchas veces lo mismo, como un disco rayado.
Pensamos qué hacer, llamamos
a los bomberos cuyo cuartel estaba en la entrada de la urbanización, les
explicamos lo sucedido y nos dijeron que no tenían ambulancia, ni vehículo, que
siguiéramos observando a ver cómo seguía y cualquier cosa que los fuéramos a
buscar para ellos venir a casa. Luego llamamos a la guardia nacional a ver si
podían ayudarnos a su traslado a un centro médico y la respuesta fue similar,
así que llamamos a mi hermano que vive en Caracas y él inmediatamente vino a
casa.
Sentamos a mamá en una silla
de computadora con ruedas y entre papá, mi hermano, mi hija y yo la subimos en
peso por 10 escalones, la metimos en el carro y la llevamos a un pequeño
Hospital Militar Vicente Salias ubicado en el Fuerte Tiuna a unos 28 km de
casa.
Llegamos al hospital a las
10:00 pm aproximadamente, ingresamos por la emergencia y dijimos: creemos que a
mi madre le ha dado un ACV y explicamos los síntomas. La doctora que la recibió
hizo el reconocimiento inicial, colocó un suero y le hizo una analítica, su
presión arterial estaba bien: 120-80 así que la doctora consideró que su
problema no era el ACV sino una baja de azúcar, sin embargo cuando entregaron
la analítica, la glicemia estaba muy alta, nosotros intuimos que por el suero
colocado, sin embargo fue algo que llamó la atención de la doctora quien
decidió dejarla en observación y esperar a la mañana siguiente cuando viniera el
neurólogo y decidiera.
A las 12:30 hubo cambio de
guardia médica y la doctora que recibió se alarmó mucho y llamó una ambulancia
para trasladar a mi madre al Hospital Militar Central Carlos Arvelo, que es más
grande y hacer una tomografía.
En ese momento estaba sólo
yo con mi madre, pues mi padre regresó a casa con mi hija a limpiar todo lo que
había sucedido y a prepararse para sus clases y trabajo y mi hermano también a
lo suyo en su casa. Después de todo mamá se mostraba un poco más tranquila y
pensábamos que sería algo pasajero y que pronto podría mejorar.
Al trasladarla al Hospital
la recibió el neurólogo de guardia, le hizo varias preguntas: “cómo se llama,
su número de cédula, dónde trabaja, qué hace?” Todas las preguntas fueron
contestadas apropiadamente solo que de forma rápida y repetitiva. De nuevo el Dr.
pensó que se trataba de una confusión mental producto de la caída y mareo, por más
que yo insistí en que ella no se había golpeado, él seguía considerando que no
era algo grave. Sin embargo hicieron la tomografía y allí apareció la mancha
gigante, como una mariposa negra que cubría gran parte de su cerebro…. Fue
ingresada de inmediato en la habitación 526A del hospital, colocando a través de su vena medicamentos
como: Epamin, Lassix, Dexametasona, Aztreonan y para los dolores (ella se
quejaba de dolor en las piernas) dipirona o diclofenac. Nos pidieron que consiguiéramos
Somazina que era muy importante y en el hospital no lo había. También era
importante que consiguiéramos la posibilidad de hacer una resonancia con contraste
para saber exactamente la magnitud del derrame.
Así comenzó nuestra nueva
historia y culminó el primer día del diagnóstico.
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