Saturday, February 22, 2020

EL DIAGNÓSTICO... DÍA UNO



Sucedió el martes 3 de octubre del 2017. Aproximadamente a las 6:30 pm recibí una llamada de mi padre preguntando por dónde venía, pues mi madre estaba muy mal.
Yo vivía al lado de la casa de mis padres. Ambas casas están en una urbanización campestre, no hay servicios cerca, tampoco las vías de acceso son fáciles, nuestra ventaja es que teníamos coches y podíamos trasladarnos a lugares poblados más cercanos, pero todos distantes unos 25 kilómetros. Caracas la capital de Venezuela, quedaba a 27 kilómetros y allí  hacíamos nuestra vida laboral y estudiantil. Ese día yo venía de mi trabajo, mamá no trabajaba los martes por eso estaba en casa y papá trabajaba a su propio ritmo, así que los martes estaba con ella.
Afortunadamente cuando papá me llamó al móvil, yo ya estaba cerca de casa y al llegar y correr a la habitación de mis padres, conseguí a mamá sentada en el suelo, cerca de la cama, había aflojado sus esfínteres por tanto estaba sobre sus heces y no se podía levantar.
Al intentar ayudarla notamos que su pierna izquierda no se movía. Ella hablaba de manera confusa pero estaba consciente de que al levantarse de la cama para ir al baño, las piernas no le respondieron y se dejó caer al piso. No mencionaba nada de las heces, como si no lo hubiese notado.
Como pudimos la levantamos, aseamos e intentamos trasladar al baño, sentada en el inodoro nos percatamos que su brazo izquierdo también estaba inmóvil y en seguida la palabra ACV nos vino a la mente. No obstante, luego de asearla y con gran dificultad regresarla a la cama, la vimos más serena y ella misma comenzó a narrar los hechos: dijo que había pasado el día con un ligero dolor de cabeza y que los ruidos le molestaban, se sentía un poco mareada y por eso después de almorzar se acostó con papá a hacer una siesta. Durmió cerca de una hora y al despertar tenía deseos de ir al baño, se sentó y sintió muy mareada, papá le dijo: “espera un rato antes de levantarte a ver si te pasa el mareo”, pero estando allí sentada, sintió que se desmayaba y se dejó caer al suelo (sin golpearse) y fue cuando yo llegué (siguió sin mencionar lo de las heces).
Su forma de hablar era rápida, repetía varias veces la historia, al preguntarle cómo se sentía, respondía muchas veces lo mismo, como un disco rayado.
Pensamos qué hacer, llamamos a los bomberos cuyo cuartel estaba en la entrada de la urbanización, les explicamos lo sucedido y nos dijeron que no tenían ambulancia, ni vehículo, que siguiéramos observando a ver cómo seguía y cualquier cosa que los fuéramos a buscar para ellos venir a casa. Luego llamamos a la guardia nacional a ver si podían ayudarnos a su traslado a un centro médico y la respuesta fue similar, así que llamamos a mi hermano que vive en Caracas y él inmediatamente vino a casa.
Sentamos a mamá en una silla de computadora con ruedas y entre papá, mi hermano, mi hija y yo la subimos en peso por 10 escalones, la metimos en el carro y la llevamos a un pequeño Hospital Militar Vicente Salias ubicado en el Fuerte Tiuna a unos 28 km de casa.
Llegamos al hospital a las 10:00 pm aproximadamente, ingresamos por la emergencia y dijimos: creemos que a mi madre le ha dado un ACV y explicamos los síntomas. La doctora que la recibió hizo el reconocimiento inicial, colocó un suero y le hizo una analítica, su presión arterial estaba bien: 120-80 así que la doctora consideró que su problema no era el ACV sino una baja de azúcar, sin embargo cuando entregaron la analítica, la glicemia estaba muy alta, nosotros intuimos que por el suero colocado, sin embargo fue algo que llamó la atención de la doctora quien decidió dejarla en observación y esperar a la mañana siguiente cuando viniera el neurólogo y decidiera.
A las 12:30 hubo cambio de guardia médica y la doctora que recibió se alarmó mucho y llamó una ambulancia para trasladar a mi madre al Hospital Militar Central Carlos Arvelo, que es más grande y hacer una tomografía.
En ese momento estaba sólo yo con mi madre, pues mi padre regresó a casa con mi hija a limpiar todo lo que había sucedido y a prepararse para sus clases y trabajo y mi hermano también a lo suyo en su casa. Después de todo mamá se mostraba un poco más tranquila y pensábamos que sería algo pasajero y que pronto podría mejorar.
Al trasladarla al Hospital la recibió el neurólogo de guardia, le hizo varias preguntas: “cómo se llama, su número de cédula, dónde trabaja, qué hace?” Todas las preguntas fueron contestadas apropiadamente solo que de forma rápida y repetitiva. De nuevo el Dr. pensó que se trataba de una confusión mental producto de la caída y mareo, por más que yo insistí en que ella no se había golpeado, él seguía considerando que no era algo grave. Sin embargo hicieron la tomografía y allí apareció la mancha gigante, como una mariposa negra que cubría gran parte de su cerebro…. Fue ingresada de inmediato en la habitación 526A del hospital,  colocando a través de su vena medicamentos como: Epamin, Lassix, Dexametasona, Aztreonan y para los dolores (ella se quejaba de dolor en las piernas) dipirona o diclofenac. Nos pidieron que consiguiéramos Somazina que era muy importante y en el hospital no lo había. También era importante que consiguiéramos la posibilidad de hacer una resonancia con contraste para saber exactamente la magnitud del derrame.
Así comenzó nuestra nueva historia y culminó el primer día del diagnóstico.


HOSPITAL CENTRAL MILITAR DR. CARLOS ARVELO. SAN MARTÍN. CARACAS. OCTUBRE 2017         


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