Celebrando sus 55 años de casados, en Madrid el 5 mayo 2017. 5 meses antes de lo narrado a continuación
Día 2 y 3. Jueves 5 de octubre del 2017
Esa primera noche fue terrible,
principalmente porque mamá pedía ir al baño cada quince minutos y yo le
colocaba la bandeja que había en el hospital, pero ella no levantaba las
caderas y cuando con mucho esfuerzo lograba levantarla con ayuda de mis propias
fuerzas, entonces solo hacía un par de gotas y al cabo de quince minutos volvía
a pedir ir al baño. También se quería levantar de la cama pero estaba con la
vía venosa llena de medicamentos y de paso no podía movilizar sus piernas, ni
levantar el tronco siquiera y aunque yo le explicaba que no podía, ella
insistía en levantarse. Yo tampoco tenía dónde dormir, solo sentada en una
silla y medio recostaba la cabeza sobre la cama donde estaba mi madre, pero
entre tanta exigencia y la entrada y salida de enfermeras, no pude dormir absolutamente
nada.
Antes de las 6 de la mañana
pasé mensajes a la familia que necesitaba con urgencia unos pañales, pues esa
manera de poner a mi madre a miccionar me iba a dejar sin fuerzas para lo que
venía, aunque la verdad ni sabía lo que venía y me sentía invencible, por ese motivo
cuando llegó mi hermano Javier, con mi cuñada Zoraima y mi padre, dejamos a
mamá con mi papá y Zoraima y nos fuimos Javier y yo a buscar la somazina y la
manera en que le pudieran hacer la resonancia magnética.
Gracias a una cadena de
redes sociales iniciada por mi cuñada Marianela
desde México y por mi hermana Adelita desde Madrid, en menos de diez
horas habíamos conseguido en donación 12 ampollas de somazina de 1g y 3 cajas
en pastillas de 500 mg, además de la carta aval para poder realizar la
resonancia y el contacto con la ambulancia del hospital que la trasladaría a la
clínica Atías en Caracas.
Mamá no durmió, pasó toda la
noche y todo el día quejándose de dolor en las piernas, gritaba del dolor y se
mantenía muy agitada, no paraba de hablar y de quejarse y ninguno de los
medicamentos que le colocaban parecían calmarla. Tampoco comía, ni tomaba agua,
en el hospital por la noche quedé nuevamente sola con ella, esta vez coloqué
una sábana en el piso y allí me acosté, pero entre el frío y los quejidos y
exigencias de mamá, aunado a que las enfermeras entraban cada dos horas a la
habitación a medir presión, temperatura, colocar medicamentos, etc, fue
imposible dormir.
Al despuntar el día 5 la trasladamos a hacer la resonancia, pero fue practicamente imposible. Mamá no dejó de moverse, ni hablar durante el examen, movía la piernas y brazo derecho (los subía y bajaba), a pesar de que antes de la prueba dimos dos pastillas de ansilan, ella no se calmó en absoluto. No obstante nos dieron un cd de lo poco que se había podido ver, pero el resultado no aportó nada nuevo al médico, quien insitió en que debíamos hacer una nueva resonancia, con contrastre y bajo sedación. Así que nos tocaba seguir buscando. Mientras tanto, regresamos al hospital, mamá se quedó por fín dormida al llegar a la habitación y durmió profundamente durante unas 4 horas, momento que yo aproveché también para dormir un poco. Esta vez Javier había traído una colchoneta y el piso frio del hospital no fue impedimento para que me pudiera dormir. Hasta las 10:30 pm dormí y allí comenzó la lucha de nuevo, toda la noche.

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